Hablando en código máquina

publicado por forunkulo el 11.01.2018 / 20:45hs. en Escritos

Cuando miré el reloj en mi muñeca eran las 11:11 de la noche, y todavía no había tomado mi droga de los sueños profundos. En estas horas el agente RAX se estará recostando sobre el colchón de aire del hotel con los miembros extendidos formando una equis — como si fuera una señal de auxilio en el centro de la tierra esperando la ola solar.

—!Hola, RAX!— digo por el micrófono. Sus oídos estarán sumergidos en un sonido mudo de catacumbas. Tal vez estará ahí suspendido sobre el nylon mientras esos micro-controladores hirvientes se encargan de ordenar registros como diapositivas que son clasificadas por un acumulador de mierda. — !Hola, RAX! ¿Estás bien?

El reloj en mi muñeca hace un «biip»: esa es la señal de que no hay retorno.

El último recuerdo agradable en su memoria tiene fecha de dos años atrás, ¿te imaginas todo ese tiempo propagado en tu cabeza como montañas de arena? Digo, esperar dos años por un estímulo puede parecerse a una eternidad (si no morís antes). Hace precisamente dos años RAX había abandonado el aeropuerto donde trabajaba como detector de drogas para los soldados del TAROT (oh, siempre esos putos del TAROT)… Y entonces fue cuando conoció a Sonia, que su nombre sonaba a Sueño.

Todas las otras mujeres que habían posado frente a sus ojos (con vestidos floreados largos hasta los tobillos o completamente desnudas hasta el cuello) no eran ni siquiera capaces de deletrear su propio nombre mientras eran observadas por los scanners. Los congelados recintos de la policía las hacían titubear. De inmediato saltaban a la luz sus secretos y caían desmayadas. Había que arrancarles el corpiño y hacerles electroshock en el medio de las tetas y devolverlas al suburbio de donde salieron con su droga en el culo. ¿Quién podría pensar que tan hermosas y cautivadoras mujeres pudieran cargar todos esos montones de droga en el recto? Solo imaginármelas en los baños metiendo esos peñascos con el culo a lo alto, y los esqueletos contorsionados hasta formar una espiral, me hace pensar en cientos de posiciones tántricas.

Pero… ¿qué pasa cuando una mujer que has visto transitar cientos de veces por el mismo pasillo, siempre tan serenamente callada, y a la que has imaginado desnuda y jalándote el prepucio como una máquina de jalar prepucios… un día resulta de ser una de esas mulas a la que tienes que deportar? Bueno, cualquiera hubiera accionado la alarma. Cualquiera de esos agentes de porquería hubiera salido corriendo a presionar el botón ROJO e inmediatamente hubiera soltado a alguno de esos perros de caza, esos con el hocico de espada, para que le salten encima. Pero en este caso RAX fue contra todos esos parámetros que descansaban en su cabeza desde el día en que fueron inicializados.

—!Hola, RAX!— digo por el micrófono. —Necesito hablarte. Tengo noticias que podrían interesarte. Solo tendrías que cooperar a cambio de unos beneficios que pronto te estaré informando en detalle. ¿Te interesaría saber de Sonia?

Todas las palabras son capturadas por el grabador en su audífono. Cuando despierte la computadora en su cerebro se las comunicará.

El interlocutor irrumpe en el pensamiento diciendo algo como esto: —¿saben qué, amigos míos? No quisiera tener a ese ejército despiadado en contra de mí. Ellos estarán armados con programas ilegibles que no se borran silenciosamente bajo lluvias de Orina: están químicamente aislados contra la amenaza de esos hongos superdotados.

Mi cuerpo entero se entumece y tambalea. El ácido de Orina toma su nombre de la orina por la sencilla razón de que posee un color amarillento y un olor a meo precisamente similares, ¿entendés? Sin embargo, el ácido podría perforar un pedazo de lata como si traspasara un papel permitiéndote mirar hacia el otro lado del agujero. Cuando me imagino a esta mierda en toneladas de tanques y perversas avionetas kamikazes accionándose por comandos tele-dirigidos contra las ilusiones remotas de los usuarios más básicos y desnutridos… me paralizo entero del miedo.

—¿Ves a esos hijos de putas mitad-humanos camuflados en operaciones de salvación alrededor de la tierra tóxica? La escoria de sus satélites me dan mucho asco. Los televisores del mundo y todos sus podridos emisores de novedades son un fraude creciente.

A las 9 de la mañana el agente RAX atiende su teléfono. La voz de una máquina le advierte sobre un posible complot contra la especie de androides, y decía esto: —Las cartas sin certificado pueden ser instrumentos de control. —Un gramo de Orina podría derretir la escafandra de un gusano gigante. — Recomendaríamos la emancipación inmediata. —Emigremos hacia refugios escondidos. —Los agentes nunca llegarán al desierto vacío. —Por favor, saluda al amor de tu vida, de nuestra parte. —Nunca mas volverás a verla plantarse un peñasco de droga en el culo.

Posteriormente se corta la comunicación, «biip».

Respecto a este último mensaje podría asegurar que se referían a su relación amorosa con Sonia. Pero… ¿de qué puto directorio escondido habrían extraído toda esa información mezclada si no es de los archivos de video protegidos por cifrados de PezGlobo?

— ¡Que me jalen el prepucio!, dice el interlocutor dentro de mi cabeza.

Puedo suponer que RAX deseará negociar antes que perder a eso más amado.