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Ladrón de luz

publicado por forunkulo el 11.08.2018 / 19:47hs. en Escritos

Hoy, esa inservible mano derecha de LEA había intentado suicidarse. ¿Sabes cual es el resultado de esas prótesis robóticas instaladas sobre humanos? Al poco tiempo se convierten en un problema, son más mortales que las típicas depresiones tratadas con esas benzodiazepinas por falta de una extremidad, pero a todos les parece que deben moverse con esos putos armatostes metálicos por aquí y por allá como si fueran normales, pero sin embargo son diseños deformes de humanos, y no hacen más que convertirse en el hazme reír de la humanidad. Eso me parece una brutalidad magnificada. Pero… pero el Señor se los llevará también a ellos gimiendo AY-AY… Sus partes mecánicas se enterrarán en un basurero de chatarra y luego volverán a circular por el mercado de prótesis como grandes soluciones. Un día sabrán que no miento.

Por el teléfono hago una voz de conmoción e intento restablecer los papeles de mi cabeza.

―Veré como solucionarlo― digo relajado.

Debo ir a buscar a LEA hasta el sanatorio para recuperar esa prótesis. ―Puedo usarla de muestra en los almacenes― pienso.

Sin embargo, sigo sosteniendo que esas partes metálicas le están ocasionando algún mal. Hum. Aunque si pensara en hacerle un bien, si tuviera la leve intención de salvarlo, él me odiaría. Me odiaría hasta el punto de asesinarme. Por el contrario, si tan solo intento satisfacerlo, lo estaría arrastrando y condenando a la muerte. ¡Oh problema! Las soluciones siempre trazan el mismo camino: un lado cerca de la luz otro lado cerca de la oscuridad. Un día lo pasas feliz al otro día deseas matar a todo el mundo. ¿Quieres tener una pizca de control sobre algo que se maneja a sí mismo? Claro, la gran pregunta es ¿quieres controlar a quien te controla? La misma pregunta me persigue al inodoro. Pájaros falsos de resina y hueso vuelan en círculos. Cuando miro un árbol, el fruto podrido del árbol se asemeja a esa misma pregunta: ¿quieres controlar a quien te controla?.

Así que, sin haberlo percibido, estaba ahora ya parado en frente de LEA, mientras él yacía en una cama recuperándose de este altercado.

―Lleva todo lo que he ahorrado a esos hijos de putas― dice LEA. ―Que se metan esa prótesis en el culo, ¡por poco me mata! ―Quiero una prótesis que no haya pertenecido a ningún asesino, y a ningún policía, ninguno de esos mercachifles, cazadores, o viajantes del tiempo: completamente re-programada desde cero.
―Creo que tienes demasiados prejuicios― digo. ―Tendrías que tranquilizarte.
―¡Oh no! Quisiera dormir sin pensar en que puedo ser estrangulado por mí mismo. Esa mierda podría tener un antepasado siniestro. ―Te sugiero que la eches en una bolsa, y no le quites los ojos de encima, ni por un minuto. Ni siquiera para mear, podría arrancarte la picha de un salto.
―Pues que me la arranque― digo. ―Tendrá que hacerme una paja hasta que me la vuelvan a colocar de vuelta.

Entonces arrojé el falso brazo robótico en una bolsa y me dirigí hasta el almacén de repuestos.

―Buenos días, señores― digo. ―Acá traigo esta prótesis que ha intentado suicidar a un hombre. ―En la calcomanía está escrito el nombre de esta almacén―digo.
―Esas mierdas se han dejado de fabricar en el 2045― dice uno de los señores. ―Por desgracia se le ha terminado la garantía hace veinte años.
―Pues en ningún lugar se puede leer el año de fabricación, por lo que se tendrá que hacer una puñeta con ésta prótesis, y entregarme una de remplazo― replico.
―Bien, déjeme llamar a la policía así se lo explicaran ellos mismos― dice. ―En esta almacén ya no hacemos reemplazos de prótesis chinas.
―Al cuerno― digo. ―Entonces, deme una nueva.
―Hum, déjeme ver. Solo puedo ofrecerle la MILENIUM de fabricación nacional, son resistentes, partes metálicas con níquel, cubierta siliconada, siete sensores, y un micro-estimulador orgásmico de cinco voltios.
―Pues ¿ese micro-estimulador no podría electrocutar a alguien?― pregunto.
―Solo si se le suministrara un voltaje más alto― dice. ―Terminarías carbonizado como un pollo JA-JA.

Así que tomé el nuevo brazo robótico, y les dejé a esos hijos de putas el viejo brazo como recuerdo. Ya pronto verán los problemas que acarrean jugar con estás cosas, ¡pelotudos!. Acá les dejo mis condolencias.
Una vez que LEA se recupere por completo pasaremos a la acción. Esto significa que los policías trabajaran para nosotros: serán como sonámbulos arrastrándose en contra de su propia voluntad. Cuando la acción se reproduzca como película sobre los millones de ojos, todos los gobiernos se habrán diluido para siempre y no quedarán ni rastros de esto.

―MUY BIEN. QUE VENGAN TODOS ESOS FLAMANTES KAMIKAZES SUICIDAS QUE LES EXPRIMIREMOS EL MERCURIO DE LAS TETAS.
―Infiltrarse entre los policías para obtener información valiosa es como robarle un caramelo a un chico―, digo tocándome los huevos por debajo. LEA me ve como a un hermano mayor. Él me ve como a un maestro buda. Eso me sirve para seguir transmitiendo ordenes enmascaradas que se negaría a procesar en un estado de rebeldía común. ―Somos amigos― digo… y entonces veo en él una sonrisa emerger como acero pulido.

Maldito receptor

publicado por forunkulo el 23.06.2018 / 21:18hs. en Escritos

—Hasta pronto— dije a una azafata de silueta pronunciada. Y al ver su mirada imaginé un paisaje borroso lleno de bailarinas desnudas y pájaros animales que parecían amables bajo rayos de Sol, y a todos podía besar desde mi pacífico abismo interior (mientras el ultra-sonido avanzaba por entre los árboles moribundos). Vi el paraíso.

Así que una vez llegados al aeropuerto (y conociendo que la cámara de video había intuido nuestro aterrizaje) avanzamos por un corredor luminoso sin decirnos muchas palabra… —¡Compórtate como persona sumisa y bien agradecida de Dios cuando camines por el corredor helado!. —Fija tus ojos fuera del ángulo de percepción de esos aparatos voladores que se mueven por encima de la muchedumbre, ¡pueden reconocer tu rostro!. —Y cuando “la poli” se distraiga cruzarás entre ellos y saludarás a todos con una enorme mueca de agradecimiento y benevolencia. —Serás recompensado en la otra galaxia— dice el interlocutor con palabras en mi cerebro.

Sonia estaba tomada a mi mano. Sabíamos que esta sería la despedida del uno con el otro, quiero decir, de separarnos por siempre. Y por cierto, solo quedaba encontrarlo a RAX y transmitirle algunos conceptos recibidos por esos androides, así quedaría perplejo.

Entonces, de pie como una enorme estatua en frente de Sonia, dije algo como esto:

—No me gusta tener que despedirme así. —Te dejaré con RAX así el podrá cuidarte como te lo mereces.

¡Vean mis sentimientos!. Entonces (siguiendo lo escrito) froté mis ojos con los puños y comencé a sollozar, tal como lo había planeado desde un comienzo. Y Sonia me abrazó diciendo que me agradecía todo lo que había hecho por ella. Hum. Pero eso no modificaría las cosas de ninguna manera, porque si así fuera, entonces me preguntaría ¿cuál es el aprendizaje?. Los androides cosecharan lo suyo. ¡Pero RAX tendrá también su recompensa!. ¿Todos contentos?.

Una vez salidos del corredor y de nuevo en un ambiente amistoso buscamos unos asientos por ahí. —¡Oh!. Podemos quedarnos por este sector hasta que RAX venga por nosotros— dije. Así es que al cabo de unos treinta minutos una figura estoica con aspecto de HOMBRE se superpone sobre el paisaje sórdido de personas, aunque si disimuladamente mirabas por sobre el aspecto físico, no parecía solo carne y huesos sino que había incorporado ciertos elementos que lo convertían en algo SEMI-HUMANO. ¿Entendes?. Creo que la genética ha llegado a demasiado lejos, pero esto ya escapaba a mi sensibilidad humana ¿Te imaginas un monstruo ni demasiado humano ni demasiado artificial usurpando tu lugar en la eternidad?. Maldita materia. Sin embargo dije: —¡Oh RAX!. ¡Que placer de conocerte, amigo!.

Y aquel HOMBRE estalló en regocijo. ¡Oh!, no tenía más que entregarle a Sonia para que se besaran con un beso interminable, así que empecé con algunas palabras hermosas:

—Oh, tal como he prometido, he conservado a Sonia a salvo solo para traerla aquí a tu lado, como lo mereces— dije alardeando por mi posición dentro del plan. —Espero que puedan seguir juntos hasta que la muerte los separe para siempre— proseguí. Y Sonia corrió a abrazar a RAX. Y RAX corrió a abrazar a Sonia. Y detrás de ellos quedaron mis ojos en contemplación. ¡Helos aquí formando una sola cosa!. ¿Los podes imaginar?. ¿Los imaginas ahí plantados como bombas de agua caliente salpicando el entramado del cielo?. Habrán de ser millones.

Pero en un momento me interpuse entre los dos enamorados, con palabras que decían esto:

—¿Porque no nos alejamos unos metros de la pasma?. Siento que nos miran aborrecidos.
—Ahá. Han de estar siguiéndome de cerca— dice RAX. —Hum. Han estado sucediéndome cosas en los últimos días. —Veía aparecer ciertos rostros que me hablaban. Bla. Bla. No podía soportarlo.
—¿Has visto alucinaciones?— pregunta Sonia.
—No creo que fueran alucinaciones. Mas bien, alguien ha estado interfiriendo en mis pensamientos y he hecho cosas que no hubiera querido hacer— dice RAX. —¡Carajo! por desgracia, he tenido la certeza de que mis pensamientos no eran mis pensamientos, solo después de que todo ocurrió.

Entonces Sonia miró a RAX. Luego los ojos de RAX (que parecían extraños) miraron a Sonia. Pero al mismo tiempo mis ojos miraron a RAX. Y los ojos de Sonia miraron a mis ojos. Y los policías gritaron. Y nosotros corrimos para salvarnos. Sonia y RAX tomados de la mano corrieron hacia la salida. Y yo me adentré por un corredor helado para salvar mi alma.¡Vean esas cucarachas corriendo!. Pensé que ya era tarde para aconsejar al bueno de RAX respecto del inestable futuro.

Marea cósmica

publicado por forunkulo el 28.04.2018 / 17:52hs. en Escritos

Muchas moscas de colores flotaban sobre la filmación del cielo. Eran increíbles. Los diseñadores habían hecho un trabajo magnífico, ni siquiera podía encontrar un poco de defecto a la luz del día: era la más grande perfección dentro de las obras artificiales. Así que avancé por entre los androides provocando una gigantesca concentración de energía, y diciendo en un lenguaje inmundo:

―Voy a decir esto solo una vez… una sola vez y nunca más volverá a salir de mi boca. Ni siquiera quedarán evidencias ciertas que estas palabras fueran dichas algún día por alguien. No habrá documentos, ni films, ni discos compactos, ni nada de esa porquería amarillista rondando por ahí afuera. Nada que sirva para difamación o control. Nadie más que ustedes. Ustedes serán los únicos testigos de la falsedad de estas palabras.

Y la filmación del cielo se detuvo.

Y seguido a aquello hubo un ruido de micrófono. Y un breve silencio con forma de acople o aullido que luego asciende, haciendo que los oídos se hicieran atrás. Y unas nubes oscuras se interpusieron a la filmación del cielo. Y todos los androides empezaron a sacudir los falsos esqueletos humanos mientras oscurecía de repente.

Entonces hablé conmigo mismo diciéndome cosas como las que haría después, como por ejemplo “avanzaré entre los androides, tomaré el micrófono, me presentaré delante a la multitud, hablaré en lenguaje criptográfico e inmundo, me proclamaré como defensor, caminaré hacia el Almirante, tomaré el control de la cosa, volveré al micrófono, me alzaré en brazos de los simpatizantes, provocaré la guerra, etcétera”. Entonces elevé los brazos hacia lo más alto de la filmación.

―Buenas noticias― comencé diciendo. ―Desde este momento y hasta siempre se establecerán nuevas reglas de convivencia― dije. Y mientras mi distorsionada voz retumbaba hasta rebotar contra la misma filmación del cielo, podía verlos a ellos: eran esos semblantes borrosos y estupefactos que había soñado mirando (por detrás del blindaje transparente) mi falso rostro, pero al mismo tiempo mis ojos mirando a los suyos, y dije:

―Mi nombre es Iddo; aunque de verdad pueden llamarme como les plazca. Me complace anunciarles, y es de mi más ferviente satisfacción, proclamarme ante ustedes como el defensor, por lo que deberán escucharme, pues estas palabras… estas palabras podrán ser las últimas o tal vez las primeras que escucharán de entre un sin fin de sonidos. Ja-ja.

Y la filmación del cielo ya había oscurecido por completo.

Y cuando vi que las palabras habían alcanzado hasta la última máquina de la formación, y éstas a su vez habían conseguido instalarse, ejecutarse, y multiplicarse desoyendo a todas las voces anteriores (incluso las del inicio de la creación), tomé de la chatarra la barra de hierro y avancé hasta el Almirante lamentándome por los acontecimientos, pero al mismo tiempo decidido a terminar con él, de manera que sus palabras queden sepultadas bajo la tierra. El Almirante, puesto de rodillas sobre una plataforma de Luz esparcida como agua, y mirando a mis ojos y mis ojos mirando a los suyos, dice en un mismo lenguaje inmundo que los androides pronto se convertirán en residuo cósmico, es decir que no quedará ni un gramo de silicio a la vista, y eso será solo el principio. Pero ya habiendo ensordecido de mentiras mis oídos levanté la barra de hierro a lo más alto de la filmación y dejé caer el peso entero sobre la cabeza, provocando otro acople y haciendo que los oídos se hagan más atrás. La cabeza se desprendió de la otra parte y saltó hacia el otro lado del escenario provocando un sonido metálico. Y después todo enmudeció. El mugriento aceite corre por mis labios, mientras al mismo tiempo mi cuerpo avanza de nuevo hacia el micrófono. Y entonces dije:

―He recolectado volúmenes de información eficiente sobre los nodos que conectan el Sur con el Norte. En unos pocos días podremos suplantar la configuración de esos nodos poniendo a toda la policía en bambalinas. Solo estoy esperando la actuación de un contingente humano alineado con mis políticas. Volverán a ser el hormiguero del universo.

Fin de la transmisión.

En el futuro el hombre destruirá al hombre… y los Dioses serán robots

publicado por forunkulo el 29.03.2018 / 22:46hs. en Escritos

Conocía el calor más que al seno de mi propia familia aunque había nacido en el medio del frío, rodeado por lagunas de hielo y montañas henchidas de color verde. Y como cualquier otro chango perturbado de pueblo ─estimado amiguito─ vivía refugiado debajo de esos cubículos aburridos por la escasa luz y poblados de gamberros y cholas de lo más dulces que hubiera visto. Cuando crecí mi salud se fue muriendo con tanta velocidad que mis probabilidades de supervivencia se redujeron a casi por la mitad. Ni el propio doctor podía entender la cuestión del problema, pero parecía un caso serio a juzgar por su semblante pálido. Por suerte todavía no había muerto, y podía moverme con los ojos bien abiertos y contemplar todos esos acontecimientos con una absoluta normalidad.

Casi todas mis cosas estaban conectadas con el ensueño, con la fantasía, y como consecuencia de esto no podía mantenerme quieto: mi sangre me sacudía y me movía. Y cuando alguna de estas cosas dejaba de producirme alguna satisfacción entonces la borraba ─la hacía a un costado de todo─ y me sumergía dentro del torrente de otra nueva. Por otra parte, cuando alguna de estas cosas se volvían reales, nacían otras más brutales, por lo que mi identidad o mi aspecto iban mutando o convirtiéndome.

Pero lo peor de todo no era verme a mí mismo como un soñador, sino como alguien que no concretara sus sueños, como un verdadero farsante. Debía proponerme aventuras alocadas que escaparan a las fronteras de mi mundillo inventado, y para conseguirlo debía alejarme de todo: principalmente de mí mismo.

Además la educación de la que me habían proveído en las escuelas me traían problemas, principalmente por las restricciones infundadas con respecto a mi comportamiento (que era de alejamiento), pero a esta edad de la vida ya no tenía del tiempo suficiente para cuestionarlas a nadie… así que comencé a perfeccionarme en cada una de mis habilidades: primero en los profundos prostíbulos; después rodeado de inmensas luces de tinta brillante o una ruidosa muchedumbre de almas desencantadas. Había descubierto (por medio del estudio) maneras de auto complacimiento de modo que todo se asemejaba a una película: podías meterte por el culo de una cosa y salir por las orejas de otra, de verdad no necesitabas un alma, ni siquiera de un cuerpo (esas eran cosas del pasado)… éramos como un fotograma peludo de esos que respiran electricidad hasta el final de la vida.

Pocos años después la bilirrubina ya había ascendido hasta el iris.

Tenía temblores que se me habían convertido en una cosa tan natural y rutinaria como comer o cagar, y según mi propio diagnóstico no podría sobrevivir más de un mes sumando mi manía auto-destructiva. Pero al contrario de todo resultado deprimente comencé a creer en una salvación inventada. Hice esto: me tendía en la alfombra y empezaba a rezar. Rezaba mirando a los cielos. Primero decía el nombre de Cristo, y le rogaba su ayuda. Le explicaba lo que había hecho en los últimos días. Le decía que había juntado una enorme cantidad de problemas, que no podía con todos a la vez. Demasiado peso para mis hombros, Señor. A cambio de liberarme de un poco de peso ofrecía algún tipo de acción caritativa, como forma de lavarme la suciedad y volver al ruedo de nuevo.

Un día, como bajados del cielo, se me cruzaron frente a mis ojos una serie de artefactos de hostigamiento, como un cuchillo con empuñadura de marfil blanco (que trasmitía una especie de energía) o una barra de hierro con insignias tales como A y P. Entonces supe lo que debía hacer. Ambas cosas habían sido concebidas para los mimos propósitos… ¡Pero que me la jalen y que se metan tres dedos en el pavo si creen que debiera quedarme encogido de hombros! Este agradable acontecimiento me quitó el tiempo para rezar. Dedicar esas horas aburridas a pedir perdón a cambio de pasar a la acción era visto como una bendición. Desde entonces, cada mañana, a la seis en punto, cuando el gallo canta, yo recorro los pasillos de la dependencia repartiendo mamporros contras las puertas y gritando «¡hora de trabajar!» o «¡suficiente descanso por hoy, holgazanes!».

Muchas veces he tenido que aplicar la violencia: eso no importa. Otras veces he tenido que contenerme, pero ninguna cosa me impedía hacer lo que quisiera… Lo más complaciente era verlos con el rabo entre las patas, eso me quitaba de encima tiempo para interactuar con ellos y podía dedicarlo a la concentración o al conocimiento de mi propio YO. Entonces empuñando la brillante herramienta comenzaba con el dichoso amedrentamiento. Por supuesto que había ciertas condiciones que cumplir.  Primero no había que dar golpes en la zona del cerebro porque eso dejaría secuelas para toda la vida, y me podría traer problemas luego. Un trabajo bien realizado consistía en ubicar las zonas blandas, aquellas en donde se concentra una abundante cantidad de grasa, como en la panza, en los brazos o nalgas: eso actuaría como un amortiguador, algo gelatinoso que contenga el golpe, que solo produciría un enrojecimiento de la piel que desaparecería al cabo de unos pocos días.

Reflexiones banales (Parte experimental)

publicado por forunkulo el 24.03.2018 / 20:44hs. en Escritos

Estoy mirando hacia las luces de un techo agrietado y blando… las miro como si mirándolas fijamente pudiera hacerlas explotar o desaparecer bien lejos de este lugar (nuestro lugar secreto y escondido).

Todavía estoy tirado sobre la cama, sucia y desecha, romántica y asquerosa… como si los relojes que predicen el futuro se hubieran detenido en ese mismo momento, y la música resuena por dentro de cada cosa… bien en el fondo de mis oídos, aunque lo que de verdad escucho es solo una melodía uniforme que se reproduce una vez y otra. Ni siquiera siento que mi culo esté en el mismo lugar en el que lo deje hace diez minutos: hace diez minutos, precisamente, era una cosa distinta; no tenía la forma de un ser humano, tenía, más bien, la forma del pensamiento, o mejor dicho: la forma espiralada o espeluznante del pensamiento… ahora mismo necesito rodearme de cosas ─como en los viejos tiempos─, entonces muevo mi mano hasta el frente de mi cabeza y escupo una mancha de saliva a mis dedos que se esparce hasta las plantas de los pies (como un virus o un aerosol): me vuelvo una especie de insecto, algo líquido y espeso pero al mismo tiempo humano y voluminoso como la tierra o el mar: todo esta contenido dentro de mí, ¿me entendes?…

Todo está entre nosotros… como en las sombras de los intestinos, pero más obscuras, y quizás mas transparentes que el vacío que hay en todo este espacio y nos negamos a ver cubriéndonos unos a otros y conformando una montaña enorme de oscuridad…

Volviendo hacía atrás veo que hay un cuerpo en frente de mis ojos que se muere de frío mientras lo abrazo con la fuerza de un gorila y lo beso hasta los pies, hasta el suelo, hasta la tierra… yo soy quien sostiene a todo el cuerpo desnudo, solo yo, con la fuerza de los fantasmas… ella apenas está recubierta por una tela blanca que deja al descubierto sus tetas ─bamboleantes y heladas─ están absortas mirándome fijamente… digo algunas palabras que no tienen ningún sentido (son palabras silenciosas que fluyen como aire o como soledad); las digo susurrándolas en sus oídos; pero no puedo explicarlas correctamente: solo salen de mi como un tartamudo queriendo decir algo… entonces transcurrió todo como fue imaginado, o delineado o establecido.

Siento que todo fue detenido en ese momento, lo siento como una penitencia: la maldición de vivir es nunca saber cuando están pasando las cosas más importantes y dejarlas escapar.

Procesos de resurrección

publicado por forunkulo el 9.03.2018 / 0:48hs. en Escritos

Ahora una exaltada versión de RAX vio que su deseo de encontrarse encerrado, comprimido y aplastado dentro de las paredes de una cápsula con una chica amable rescatada del basurero humano, podría ayudarle a ordenar algunas cuestiones depositadas como mentiras. —A veces, las interferencias, influyen en las acciones. —Y por consiguiente las acciones influirán en los hechos, que finalmente determinarán el rumbo del universo (si fuera que éste se estuviera arrastrando como una lombriz por una amalgama espesa y de un color un poco oscuro pero brillante).  —El mejor antídoto que han descubierto para evadir el colapso de las venas son los prostíbulos, y por ende, su mundillo subterráneo de prostitutas— dice ahora un RAX más relajado que antes. —A eso hay que sumarle las horas de tiempo en las que puedas huir del rutinario trabajo y contemplar el cielo o una estrella o una nave de extraterrestres, mientras esperas plácidamente la resurrección de tu alma. ¿No es cierto?

El agente sentado al costado de RAX opinaba precisamente lo mismo.

—Creo que deberían incendiar esos cines, RAX. Ahí se congregan demasiadas personas que han perdido la capacidad de observar esas mismas cosas de las que hablas.
—Ahá. Solo reconocerían un fragmento de cielo si lo vieran por un televisor. Pero conozco el problema de cerca: solo pueden capturar esas imágenes congeladas y nada más.
—El televisor deforma la realidad— dice el agente al costado. —Cuando observas la realidad tal como es, quieres correr a refugiarte entre esa visión deformada que te han ofrecido.
—Por supuesto. Ni siquiera les puedes sentir el olor a esa cosas— dice RAX. —Es mejor enterrarse vivo bajo la tierra.
—Hum. ¿Algunas vez has sentido el olor del cielo?— pregunta el agente al costado.

Entonces RAX pone su cuerpo sobre el respaldo. El sintetizador de voz dice su número desde el alto-parlante: “Número treinta y ocho”.

Aunque ya no quedan lugares en donde sentir el olor del cielo, estos recintos continúan siendo por demás agradables: esas chicas deambulan por los pasillos con sus cuerpos desnudos y bien perfumados. Eso debe tener una explicación científica.
Oh. ¡Mujeres hermosas rescatadas del basurero de humanos! Es maravilloso. Aunque no pueden hacer interrogatorios, ni responder a éstos, solo viven en una constante aburrida recuperación y no almacenan recuerdos: sus recuerdos son borrados en tiempo real por inyecciones de aire, antes de ser analizados por la parte cerebral que se encuentra en continua investigación. ¿Quién podría soportarlo?

Regularmente los agentes miran por una pantalla de caracteres de un color verde artificial su número provisto por medio de un programa de computadora. Por un alto-parlante un sintetizador de voz anuncia el próximo número. El interlocutor añade lo siguiente:

—La cámara de video es un ojo de pez conectado por cable, solo está despierta de noche y en la sala de espera donde están los agentes sentados en confortables sillas masajeadoras. Lo bueno es que puede desplazarse con motor por un riel grasoso y controlar cualquier disturbio antes de que surja algún muerto. Las habitaciones son como huevos espaciales, es decir, cápsulas de aluminio y plástico barato de manufactura china, en donde solo caben dos cuerpos en posición horizontal y desnudos. No pueden más que reproducir algunas sencillas posturas y después mirarse fijamente a los ojos mientras se recomponen.

En el momento en que el sintetizador de voz menciona por el alto-parlante el número treinta y ocho, el agente RAX se levanta de la silla masajeadora, y con una mano saluda al otro agente sentado a su costado, y sonríe.

—Nos vemos después— dice felizmente. El otro agente le desea buena suerte para cuando entre a la cápsula.

La mujer que lo espera lleva el pelo turquesa largo hasta los hombros y sonríe enérgicamente como una estúpida. Todas tienen la misma puñetera costumbre: sonreír, menearse el culo, sonreír y besarte la boca después que dicen su nombre y te toman de la mano. Por suerte sus sentimientos les fueron desconectados. Cuando RAX hace contacto con ella, su pija se levanta. De esa manera ambos se mueven hasta la sala. Todas las cápsulas están acomodadas en una hilera que parece interminable.

La chica se suelta de RAX y entra en la cápsula de un salto, quedando su culo elevado y mirando hacía él. ¿Te imaginas esa película proyectada en tu cerebro hasta el día de tu muerte? ¿Una y otra vez? Un monstruo le abriría las piernas sujetándole los pies y después sacaría su «lengua cohete» y cuando llegara el momento… se atornillaría él mismo en el agujero del culo por donde fluye esa energía del alma, el fuego interior, y toda esa mierda… ¡sus visiones serían perfectas! La «lengua cohete» estaría tan relajada que los problemas que le aquejan pasarían a un penúltimo plano.

Sin embargo RAX espera a que ella acomode sus piernas, para quedar tendida con sus ojos mirando en la dirección del cielo. Y entonces, una vez que ve un lugar para incorporarse, se hecha encima de ella esforzándose por no lastimarle una sola costilla. Un cuerpo queda suspendido sobre otro, y la cápsula se cierra haciendo ruido a ¡CLAC!.

—Sabes qué RAX… sé que quisieras reemplazarme por esa puta drogadicta… ¿cómo es que se llama?— pregunta la chica de pelo turquesa.
—No conozco a ninguna puta drogadicta— contesta él.
—Hum… creo que se llama Sonia… su nombre se parece a “sueño”.
—Ahá. Si pretendes continuar con el interrogatorio, entonces puedo hacer que te saquen arrastrando de aquí adentro de inmediato— dice RAX. —¿Te gustaría volver a la mierda de donde te quitaron?
—Ja ja. Patrañas, solo sabes hacer lo que tienes escrito en los sesos. ¿Porqué no me das la vuelta y me penetras por el culo? Yo te explicaré el porqué: es porque no lo tienes escrito en los sesos.

Él dice no, no. Y cuando pestañea y vuelve a mirar en ella, la ve callada, con su boca cerrada y sus ojos sellados. Vuelve a pestañear y ahora ella está diciendo esas cosas con sus ojos abiertos y sobresalientes. Me pregunto, ¿no son esas cosas obras de algún demonio?

—Ja Ja. Mierda. Te diré una cosa RAX. Querido RAX. Quiero que escuches con atención porque no volveré a repetirlo. Mi nombre es Iddo pero puedes llamarme como te plazca. Los androides necesitamos tu ayuda.

Cuando las palabras aún no habían alcanzado a entrar en los oídos falsos de RAX, sus puños ya estaban golpeando a la chica. Pero cuando pestañeaba la chica hacía Ja-Ja. Y cuando volvía a pestañear hacía Uy-Uy… Y entonces de verdad no comprendería quién era quien. Pero si me lo preguntaran a mí… pues en su lugar hubiera saltado hacia fuera de la cápsula y hubiera corrido y corrido rápido como una liebre…

Cuando la cápsula ya había rebalsado de sangre, el ojo de pez (que lo filmaba todo) hizo sonar una alarma… Y unos cinco agentes pudieron llegar y sacar a RAX de los hombros, y a la chica haciendo todavía Uy-Uy.

Rotación, traslación y evaporación

publicado por forunkulo el 16.02.2018 / 23:36hs. en Ensayos

El humano negro tenía una valija llena de navajas. ―Elige la que mas te apetezca― dice mostrando unas enormes encías rojas. ―Oh, todas me parecen increíbles ― digo― pero creo que me quedaré con la Leatherman; aquí tengo ochocientos pesos para darte ¿que te parecen?―. Como lo había presentido, el humano negro ni siquiera procesó mis palabras con detenimiento. ―Muy bien― dijo, y me entregó la navaja y yo le di el dinero envuelto en un ticket de almacén. Y después caminé por entre la pasma haciéndome invisible, es decir, convirtiéndome en uno más del montón.

Lo mejor de poseer un arma de protección personal es la ventaja que adquieres frente al resto de los mortales: no tienes porque andar por ahí con cuatro ojos, pisando en lugares inestables y peligrosos, poniendo en juego tu sangre. Cuando el homo sapiens dominó el lenguaje, las demás bestias se arrodillaron y lo alabaron… y ésta era ahora mi manera de dominar y tener un control sobre las demás cuestiones: una pijotera y reluciente navaja. ―Dormiré con ella bajo la almohada por los próximos cien años― pensé.

Los espías telepáticos pueden aparecerse de un momento al otro convertidos en espíritus amigos: con esas mierdas de computadoras que leen el cerebro y lo depuran y absorben hasta reducirlo a unos escasos pensamientos banales y sin significado.

Mientras todas estas ideas inmundas navegaban como unas pirañas por adentro de mis pensamientos, me dedicaba a anotar en mi libreta algunos nombres falsos con los que debía presentarme, por ejemplo: de un cartel de luz gigante había capturado el nombre de Emir, de un escritor importante el nombre de Enrique, de un perro vagabundo el nombre de Chuly, y etcétera.  Así, esos programas de mierda del gobierno, confundirán mi ubicación entre una pila de datos falsos. Nombres falsos para falsos contactos. Contactos falsos para palabras mentirosas. Cuando esa información llegue hasta una maquina lejana no podrá hacer otra cosa más que escupirla hacia afuera como un gargajo lleno de veneno. Ja-ja. Quisiera verlo.

Entonces llamé por el teléfono a LEA y tuve un dialogo como este:

―Solo veo a un maricón en tu forma de pensar― digo.
―Oh, sí, pero pronto comprobarás que cada palabra que he dicho es cierta. Las navajas no te salvarán frente a esos policías mundanos. Deberías de conseguir un arma de verdad.
―Esto es un arma de verdad― digo. ―El hombre se ha aburguesado de tal manera que ni siquiera quiere trabajar para desplazar a sus enemigos hacia afuera del camino. Y ahora que me siento algo importante vienen todos a depositar sus sermones en mi cerebro… diciendo… “podrías haberlo hecho mejor”.
―Nada más quiero ayudarte― dice LEA a través del teléfono.
―Si todos quieren ayudarme, porqué no cierran la boca y me la jalan― digo. ―Desde ahora quiero que me llames Enrique. ―Es saludable cambiar de nombre para que esas máquinas de mierda no consigan rastrear mis palabras por el cable.
―Lo anotaré― dice. ―¿Y como está Sonia? Hace tiempo no tengo noticias de ella.
―Mañana salimos del aeropuerto a encontrarnos con RAX. Más tarde veré de que forma lo convenceré para llevarlo hasta los laboratorios.
―Creo que tendrás que golpearlo hasta dormirlo si quieres llevarlo hasta ahí.
―Hum. Creo que nunca se enterará de lo que pasa― digo.
―Si fuera tan fácil los mismos androides hubieran hecho el trabajo.

Pensé diez segundos esas palabras. O mejor dicho, pensé que si pudiera meter mi brazo por el teléfono y sacarlo por el otro extremo de todo el tendido telefónico, tomaría a LEA por el cuello y lo estrangularía. Eso me salvaría de tener que dar explicaciones a alguien desde aquí en adelante. Así que corto la comunicación y lanzo el teléfono contra la pared haciendo un estruendo. Pero el teléfono se rompe en cien partes… y una parte golpea mi frente y me lastima, dejándome una marca parecida a un signo de pregunta color sangre. Entonces caigo al suelo tomándome la frente con una mano y gritando así: ¡AY!¡AY!¡AY!. Y una vez que mi cuerpo queda tendido sobre el suelo, mi cabeza muy dolorida gira unos veinte grados por si sola, y entonces… creo que veo otras partes de teléfono, y entre todas juntas, formaban el dibujo de un falso corazón. El dibujo de un falso corazón roto. Y una lagrima color aire se derrama por mis mejillas. Fin.

Los virus, tal como los conocemos, solo pueden subsistir dentro del espacio de memoria de otro programa. De otra forma, son fácilmente detectados por los scanners. Cuando se ven en problemas corren como unas cucarachas buscando la salvación: eso implicaría complejos mecanismos de mutación en los que sus patrones de identificación variarían de acuerdo a ciertas directivas de compilación desconocidas ejecutados por un compilador interno: su ADN sería inverosímil hasta para sí mismo; aunque bastarían un par de horas para que los scanner detecten su comportamiento y lo eliminen. En un espacio orgánico los virus son miembros que se alejan del paradigma común que ha sido delineado por el sistema que integran. Si trasplantamos estos mismos conceptos a un conjunto de seres, o bacterias, o energía desconocida, siempre encontraremos las mismas deficiencias replicadas una vez, y otra vez, hasta aburrirnos y cansarnos de lo mismo. Siguiendo estos conceptos llegamos a la conclusión de que el universo es un gran cáncer. Sus estrellas se están pudriendo, y mientras sus maravillosos sistemas solares envejecen y se degradan, nosotros mismos podemos atisbar ese dolor porque estamos muriendo adentro de él.

Ahá. Buen engaña pichanga. Bajo estos mismos conceptos solo restaría buscar a RAX para usarlo como medio de propagación del virus. Mis ideas son perfectas.

Poema #02

publicado por forunkulo el 6.02.2018 / 20:40hs. en Escritos

Desnudas nalgas de alcoholes
desplegando toda su fauna
de dorados antinatura.

Un silencio de lenguas.
Una muerte repetida de historia,
de días y noches iguales.

Una lágrima que diseñó la ficción para hacerte real.
Un olvido que te mece, que te arrastra.
Un amor con sangre, con pene.

Vendo mi alma. Vendo mi arte, mi salvación.

Veo por tus ojos,
y a través de tus ojos,
lo que alguna vez construí con mis manos,
al destruirse todo lo que fuimos
y quedar de nosotros:
solo esto que somos y nos ves.

Ahora me junto a tu Piel.
Me sirvo a tu boca.
Eras Lila.
Eras Miel.

Me abrigo con una mitad de tus ojos.
Sangro un paseo invisible.
Eras una flor desnuda:
pezones tibios,
duros,
super-inyectados,
impresionantes,
bajo cascada de agua y pasto y
conchitas accidentadas picadas como lápidas.

Eras otra, otra vez.

Adentro de la Piel.
Muerdo Mi Sexo.
Me Mastico.

Subo a mis muslos con suspirosos engaños.
Ellos se menean con hipnótica locura en el baile del Viento.

Lucho.
Disiento.
Soy complaciente.
Raspo mi delgada lengua.
Aceito mis manos mientras me acaricio el culo.

Me enfrio.
Me almuerzo.
Me chupo con ansiedad loca.

Confúndelos.
Con el perfume de una larva o
con emociones de humo blanco.
Con canciones de labios.
Con hadas desnudas.
Con una muchedumbre ahogada entre bondades de asesinos,
ahí en donde la odisea ha sido un embauque.
Con pantomimas.
Con sonrisas de espectacular veneno.

Fueron diecisiete peligros.
Once estaciones.
Posturas antiguas de un viaje que alquiló la distancia.
Tristezas de cuerpos que sacan puntas heladas.

Muestran pieles y vulvas,
con avidez masturbante,
mientras fuman calambres por sus ojos fríos.

La salvación es huir.

A donde los soñadores pierden el rumbo de sus inventos:
la nostalgia,
la disciplina,
la paz y su pijotera indiferencia.

Nada es igual, todo fue diferente.
Salvate, nadie puede explicarse por qué…

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